martes, 5 de abril de 2011

Mi vida al otro lado del mundo

Reporte de una voluntaria del programa “Weltwärts“ sobre su trabajo en la “Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador “ en el Programa “Sinfonía por la Vida“ en Quito, Ecuador

En este momento entro en mi cuarto y dejo mi chompa encima de mi cama.Son las ocho de la noche, afuera ya está oscuro desde una hora, está lloviendo, se puede escuchar como algunos perros están ladrando y desde la cocina viene el olor de té.Acabo de llegar a mi casa. Hace casi un año que recibí la confirmación del DED (Deutscher Entwicklungsdienst), hoy GIZ (Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit), para poder trabajar como voluntaria en una escuela de música en la capital del Ecuador a través del programa “Weltwärts“. Ya estaba pensada, desde muchos años, la idea de no empezar a estudiar directamente después de terminar el colegio con el bachillerato, sino trabajar por cierto tiempo como voluntaria en un país de Sudamérica. En este año estoy viviendo este sueño, en cada día, en cada minuto de mi vida acá en Ecuador.

Cuando me levanto por la mañana y miro desde la ventana hacia un mar de casas blancas, grises y coloradas que se extienden hacia arriba de las montañas y un volcán, yo sé que en este momento no quiero estar en ningún otro lugar del mundo.En los últimos 7 meses la ciudad Quito llegó a ser mi hogar.Me encanta el sentimiento de libertad y pura alegría cuando en las mañanas subo al Trole-Bus, que está lleno de gente, y escucho la música que está sonando; cuando camino con una sonrisa por las calles incontables de la capital respirando el olor de plátanos fritos y maíz tostado disfrutando el fuerte sol del mediodía.No hay palabras para decir cuánta suerte tengo de poder vivir en este lugar del mundo y disfrutar un sentimiento de plenitud y alegría de vivir, como nunca antes lo podía vivir en mi vida.Vivo junta con una familia ecuatoriana dónde me siento en casa, y he encontrado amigos en los cuales confío tanto ya, que después de tan poco tiempo puedo decir que son unos de las personas más importantes de mi vida.


Pero el mayor contenido de mi vida está lleno por mi trabajo como voluntaria en la “Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador “ (FOSJE) en el Programa Sinfonía por la Vida, en Quito. Esta fundación ejecuta el programa "Sinfonía por la Vida", que es financiado por la empresa privada y por ecuatorianos y amigos del Ecuador, que dan su aporte a través de: (http://www.sinfoniaporlavida.com/).


El programa posibilita que niños y jóvenes a partir de 5 años de diferentes orígenes sociales, tengan la oportunidad de desarrollar sus habilidades musicales y aprender y vivir valores como la disciplina, responsabilidad, respeto por los demás y la cooperación en actividades sociales, y reforzar el autoestima de los niños y adolescentes. Por otra parte, el objetivo es dar un trabajo creativo y la pasión al arte a los niños a través del contacto con la música, garantizando al mismo tiempo que tienen mejores oportunidades de carrera en el futuro. La FOSJE en Quito consta de tres orquestas, la Orquesta Infantil, la Orquesta Juvenil y la Filarmónica que es la Orquesta profesional, en las que los niños y los jóvenes son aceptados a través de diferentes audiciones dependiendo de la capacidad de cada uno. Pero aparte de los ensayos todos los días hay clases de los varios instrumentos individuales o en grupos, además ensayos de los coros y clases teóricas, como historia de la música, armonía o clases de lenguaje.


Desde mi llegada al Ecuador en septiembre, yo doy las clases de alemán e inglés, además de apoyar a la maestra en los ensayos del coro de los niños.Aparte de las clases, tengo millones de otras tareas en la FOSJE las cuales no se puede definir muy fácil. Mi trabajo abarca áreas desde la gestión y organización de las notas, el control de la presencia de los miembros de la orquesta en los ensayos, el apoyo de los profesores antes y durante las clases hasta pegar carteles y dar información o ingresar distintos datos en el sistema de monitorero del programa.Mis días "normales" del trabajo ya varían bastante. Pero los días "especiales" son probablemente aquellos en los que tenemos conciertos o recibimos visitas por los profesores, estudiantes u otras personas del Ecuador o del extranjero.Las presentaciones de los conciertos son maravillosas! Los miembros de la FOSJE tienen un talento increíble y están muy bien preparados, por lo tanto los conciertos son de un nivel musical muy alto.Pero no sólo la interpretación musical es impresionante, sino sobre todo la pasión, el sentimiento, la emoción y la alegría que se siente mientras los jóvenes están tocando. No hay palabras que puedan expresar lo que los jóvenes viven y sienten estando en el escenario. Ellos viven para la música y esa alegría la muestran no solamente cantando, riendo, levantándose y cambiando bailando sus asientos (después de que siempre por lo menos uno se queda sin puesto y sigue tocar parrado), y levantando sus instrumentos en el aire.Si me acuerdo de todos los conciertos que he podido vivir junto con la FOSJE, me acuerdo sobre todo de un concierto muy especial para mí, que fue la primera presentación de ellos que ví.En ese tiempo tuvimos la visita de unos 200 estudiantes músicos de Venezuela, quienes se presentaron en la tarde juntos con los jóvenes de la FOSJE en una iglesia maravillosa.El momento, en el cuál durante el concierto me pareció como si todo el mundo pudo sentir el poder de la música, nunca olvidaré.En general, nunca antes he escuchado nada tan hermoso en mi vida con respeto a la música que puedo oír cada vez que veo tocar a los jóvenes de la FOSJE. Y no puedo describir el orgullo que me hace estar sentada en una sala de concierto llena y ver a mis amigos tocando.Igual como para cada estudiante y maestro de la FOSJE, esta fundación es mi casa y mi familia.


Mi vida cotidiana no solamente se compone de mi trabajo en la “Orquesta Sinfónica Juvenil” sino también del trabajo como voluntaria en un proyecto con adultos mayores de recursos bajos. En este proyecto me ocupo junto con otros voluntarios nacionales de los abuelitos haciendo por ejemplo diversas manualidades. Este proyecto es llevado por la fundación ecuatoriana "Fundación Mariana de Jesús" y apoyado por la organización "SIGVOL" (Servicio Ignaciano de Voluntariado). "SIGVOL" se refiere a la fuerza, energía y el impacto del voluntariado nacional e internacional en diversos ámbitos. Trabaja junto con la GIZ aquí en el Ecuador en el contacto de nosotros como voluntarios. Ecuador es el único país en el cual los voluntarios “Weltwärts” de la GIZ no solamente tienen un tutor en su proyecto específico, sino también un acompañante "SIGVOL" que visita los voluntarios mensualmente en sus proyectos y siempre es la persona de contacto para ellos. Aparte de eso, tenemos la suerte de poder participar en algunos proyectos afuera de las ciudades dónde nos encontramos normalmente. Así que ya pude participar organizando un campamento vacacional para niños, junto con otros voluntarios nacionales y alemanes en un pequeño pueblo en el noroccidente, cuyos habitantes principalmente trabajan con el cultivo de la caña. También tenemos la oportunidad de participar durante un mes en un proyecto en que trabajan los asistentes técnicos de la GIZ. Para mi "SIGVOL" no solamente cobró muchísima importancia y significado por el trabajo enriquecedor con los adultos mayores, sino sobre todo por el cuidado personal y el apoyo con respecto a todas las áreas del voluntariado, a través de cuales se podían desarrollar amistades muy grandes.

Yo nunca en mi vida estuve tan feliz como estoy aquí todos los días y nunca me he sentido tan bien y bienvenida como en este pequeño país en la línea ecuatorial.Va a ser increíble difícil tener que dejar todo eso cuando me tenga que regresar en cinco meses a mi casa en el sur de Alemania. “Pero sé que todo lo que vivo aquí, marca mi vida para siempre y que todas las personas y los momentos los voy a llevar siempre en mi corazón.Espero volver pronto y contribuir con todo lo que pueda, apoyando a la FOSJE para que los niños y jóvenes de esa institución siempre puedan seguir creciendo en un lugar tan maravilloso.


Con los mejores saludos desde Quito, Magdalena Jäger, voluntaria weltwärts con la GIZ - Ecuador en FOSJE, Quito

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